La calma habitual de una mañana de otoño en Bend, Oregón, se transformó en una pesadilla que ha dejado a una comunidad devastada y al país entero, una vez más, sumido en el luto. Lo que inició como una jornada alegre de fotos escolares en la Escuela Primaria Silver Rail terminó en tragedia cuando un joven de 16 años irrumpió armado en el recinto.
En apenas tres minutos, el ataque se cobró la vida de cuatro personas: tres niños, Rhoam Summer, de 5 años, junto a dos alumnos de 8 y 11 años, y la maestra Megan Lambert, de 25 años. Por otro lado un menor de 7 años y una docente de 54 resultaron heridos.
El letal episodio concluyó a las 1:02 p.m., cuando un padre de familia armado, identificado como Kaylub Giamanco, abatió al atacante en un aula tras un violento forcejeo iniciado por un maestro. El tiroteo resalta la alarmante frecuencia de la violencia armada en los centros educativos de Estados Unidos.
Cronología de una tragedia en Oregón
El suceso comenzó a registrarse a las 12:59 p.m., cuando un conductor que transitaba por las inmediaciones observó a un joven arrojar un rifle por encima de la cerca perimetral del colegio y trepar tras él. Al intentar encararlo, el agresor disparó al menos tres veces contra la camioneta del testigo.
Pese a que la escuela contaba con accesos blindados, cámaras y protocolos actualizados, el tirador logró abrirse paso disparando directamente contra los cristales de las puertas de entrada locked. La Policía de Bend emitió la orden de cierre de emergencia a la 1:01 p.m., pero para entonces el atacante ya había penetrado en un aula situada a la izquierda del acceso principal —destinada a alumnos con necesidades educativas especiales—, donde descargó hasta 15 disparos.
La tragedia pudo haber alcanzado proporciones aún mayores sin la rápida e instintiva intervención dentro del aula. Un profesor encaró al agresor arrojándole su teléfono celular y abalanzándose sobre él para desarmarlo.
Kaylub Giamanco (36 años), un padre que había presenciado los primeros disparos desde el estacionamiento y llevaba legalmente un arma calibre .40, entró en el edificio tras escuchar la detonación. Al ver al profesor forcejeando con el atacante, Giamanco abrió fuego y abatió al agresor a la 1:02 p.m.
Al llegar la primera patrulla policial, tres minutos después de la primera llamada al 911, la amenaza ya había sido neutralizada.
El jefe de la Policía de Bend, Mike Krantz, confirmó que el autor de los disparos fue identificado como Griffin J. John II, de 16 años, exalumno de la escuela con historial de necesidades especiales. En la escena del crimen, las autoridades recuperaron una escopeta de corredera Maverick 88 calibre 12 con aproximadamente 44 cartuchos sin usar.
Fuentes policiales informaron que el arma fue adquirida legalmente por la madre del joven. Durante un registro en el domicilio familiar, los investigadores del FBI y las autoridades locales incautaron computadoras y dispositivos electrónicos para determinar el móvil. La madre del menor declaró entre lágrimas a los medios que no detectó señales de alerta previas, expresando sus condolencias a las familias afectadas.
La fractura de una comunidad «segura»
Ubicada en el centro de Oregon, Bend es una ciudad pintoresca de unos 100.000 habitantes, frecuentemente citada entre las localidades medianas más seguras del país. El impacto emocional se propagó de inmediato entre los familiares que acudieron desesperados al centro de reunificación en una iglesia cercana.
Para algunos padres, el suceso reabrió heridas profundas. Michelle, sobreviviente de un tiroteo escolar en California en 2001 y madre de un alumno de quinto grado de Silver Rail, recibió la alerta de su hijo a través de un reloj inteligente durante el ataque.
El tiroteo en la primaria Silver Rail se convierte en el ataque número 36 registrado en terrenos escolares de educación primaria y secundaria en lo que va del año en Estados Unidos. Mientras la gobernadora de Oregon, Tina Kotek, y la alcaldesa de Bend, Melanie Kebler, encabezaron vigilias multitudinarias en Drake Park, el debate político sobre la prevención y el control de armas ha vuelto a encenderse.
Representantes locales e investigadores cuestionan la efectividad de las medidas de seguridad físicas cuando el acceso a armas de fuego de alto calibre por parte de menores sigue siendo posible. Mientras tanto, las escuelas del distrito permanecen cerradas y la comunidad se enfrenta al doloroso proceso de rendir tributo a las víctimas de una tragedia que muchos creían imposible en su entorno.




