Nueva York declaró este lunes el estado de emergencia en todo su territorio ante el avance de un brote de sarampión que se concentra especialmente en comunidades rurales con bajas tasas de vacunación, mientras el vecino estado de Pensilvania supera ya los 1.000 casos y afronta su peor brote en más de tres décadas.
La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, anunció la medida después de que el estado contabilizara 108 casos de sarampión hasta el 3 de octubre. De ellos, 92 se han registrado desde mediados de julio en 18 condados rurales, mientras que siete corresponden a la ciudad de Nueva York y los 101 restantes al resto del estado.
«Nadie debería enfermar gravemente ni morir a causa de una enfermedad prevenible mediante vacunación», afirmó Hochul al anunciar la declaración de emergencia.
La orden, que estará vigente hasta el 4 de noviembre, amplía además el número de profesionales autorizados para participar en la respuesta frente al brote. Entre otras medidas, permite que enfermeras tituladas soliciten pruebas para casos sospechosos y que los farmacéuticos administren la vacuna triple vírica —contra el sarampión, las paperas y la rubéola— a niños a partir de los dos años.
Las autoridades sanitarias también han reforzado la campaña de vacunación en las zonas más afectadas. Desde el 15 de julio se han administrado más de 1.000 dosis de la vacuna MMR en comunidades rurales del estado.
La emergencia establece asimismo que las vacunaciones contra el sarampión, las paperas y la rubéola deberán comunicarse a los registros estatales o de la ciudad de Nueva York en un plazo máximo de 72 horas. La vacunación seguirá requiriendo, en todo caso, el consentimiento del paciente o de su tutor legal.
La situación es especialmente preocupante en Pensilvania, donde las autoridades sanitarias confirmaron que el número de casos ha superado los 1.000. El brote, concentrado principalmente en áreas rurales cercanas a la frontera con Nueva York, ha provocado hasta ahora cinco muertes.
Con esta cifra, Pensilvania afronta su mayor brote estatal de sarampión en más de 30 años, en un momento en que Estados Unidos registra su peor año para esta enfermedad desde 1991.
Los datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) sitúan en cerca de 3.900 los casos de sarampión registrados este año en el país, en un contexto marcado por el descenso de las tasas de vacunación en determinadas comunidades.
El sarampión es una enfermedad altamente contagiosa que puede provocar complicaciones graves, especialmente entre los niños pequeños y las personas no vacunadas. La expansión de los brotes ha llevado a las autoridades sanitarias a reforzar las campañas de inmunización y la vigilancia epidemiológica en las zonas con menor cobertura.
La declaración de Nueva York supone la primera medida de emergencia de este tipo adoptada por un estado estadounidense desde que el repunte de casos comenzó a intensificarse en 2025.
Con información de EFE y Reuters.




